“Un templo flotando entre el cielo y la tierra”

En esta ocasión, he querido dedicar este reportaje, que ha sido publicado en la revista bité de México,  a otro de los arquitectos  que conjuntamente con Le Corbusier y  Franka LLoyf Wright,  es  considerado  uno de los maestros pioneros de la arquitectura moderna, Mies van der Rohe , nacido en Alemania en 1886. Es, sin duda alguna, uno de los máximos influyentes, líder vanguardista del  movimiento arquitectónico del siglo 20.

Mies, trataba de establecer un nuevo estilo que representara  los tiempos modernos, utilizando materiales innovadores; acero y vidrio, como elementos definidores de espacios, dentro de un orden estructural equilibrado que contrasta con la libertad del espacio abierto, sin paredes, libre de restricciones.

“Piel y huesos” como él mismo llamó a sus edificaciones. Se le ha asociado con la famosa expresión: “Menos es más” y “Dios está en los detalles”.

Como  un ejemplo de su trabajo innovador  y significativo, hablaré de la Casa Farnsworth, obra arquitectónica que constituye la expresión pura  y abstracta del arte en el paisaje.

Es una pequeña casa de campo destinada a vivienda unifamiliar, construida a principios de los 50, por un encargo, como lugar de retiro los fines de semana,  en las afueras de Chicago, USA. Una obra maestra donde predomina un único espacio dentro de una  forma geométrica rectangular, clara y sencilla que parece flotar sobre un entorno  campestre y natural, que transcurre paralela a un río y se accede a través de una escalinata suspendida que sugiere ligereza y fluidez. Una maravillosa armonía entre la estructura de acero, separada rítmicamente, rodeada de una “piel” de vidrio que la hacen transparente,  mientras que el techo extiende las líneas de visión más allá de su interior, enmarcando al mismo tiempo,  el paisaje que la rodea.

Es una forma de arte refinado,  una caja arquitectónica,  en donde el acero  a la vista, se convierte en uno de los elementos más expresivos.  Se puede visitar ciento de veces y cada vez se descubre algo nuevo.

La construcción se eleva del terreno formando espacios claramente definidos que siguen los cánones arquitectónicos de las viviendas de aquella época:

  • Una Plataforma de acceso abierta.
  • El porche abierto y cubierto como espacio de transición.
  • La vivienda como espacio cerrado y cubierto.

Interiormente  consiste en un solo espacio abierto e íntimo a la vez, rodeado de cristal, transparente y envuelto por la luz procedente del exterior y  por la naturaleza que lo rodea. Un espacio simplificado, libre de paredes. La cocina y los dos baños se agrupan en un núcleo central con acabados en madera, aquí se alojan las instalaciones y sirve como elemento articulador y al mismo tiempo separador  de las distintas zonas que conforman la vivienda, dejando libre la circulación en todo el perímetro de la misma.

Miss  fue un maestro en las  proporciones,  en el uso  de los elementos rítmicos y estructurales, en  la relación del hombre con la naturaleza y en las composiciones minimalistas con formas cúbicas.

Vista desde fuera, su composición rectangular y los grandes paneles de vidrio, mantienen el límite de lo que ocurre en su interior y se centra en el paisaje, transformándose en parte de la composición estética, en contraste con los troncos sinuosos de los árboles circundantes.

La quietud y la calma de éste objeto artificial, contrasta también con los sutiles movimientos y sonidos del  agua, el cielo y la vegetación.

Aquí, Mies exploró la relación y la integración entre las personas, la vivienda, y el entorno. Una idea de fusión entre el medio y el lugar donde se vive. Respetó los árboles y situó la casa cuidadosamente entre los Arces, con su eje más largo en la dirección Este-Oeste. El color y la textura son los principales causantes de la unidad entre naturaleza y vivienda. Si se mira la obra, uno comprende que la arquitectura se desvanece, va desapareciendo. Lo que importa es su proximidad a la naturaleza.

Una de las condiciones de la parcela llevó a Mies a la resolución formal final de la casa ya que el río Fox que circulaba en frente de la parcela, en época de crecidas,  inundaba parcialmente el lugar, lo que hizo necesario que la vivienda se elevase  del terreno sobre el que se implantaba.

Además, esta pequeña obra maestra mostró al mundo que el acero industrial dejado a la vista y el vidrio fueron capaces de crear una arquitectura de gran impacto emocional.

La Casa Farnsworth es considera, uno de los momentos de cristalización o la culminación estética de la larga carrera artística y experimental de Mies van der Rohe y constituye hoy en día un museo y sitio de peregrinación tanto de arquitectos como de estudiosos de ésta invalorable pieza arquitectónica.

Ha sido descrita como sublime, “un templo flotando entre el cielo y la tierra, un poema, una obra de arte.”

Texto y dibujo by Mireya Duart

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