“La arquitectura un jugo de volúmenes bajo la luz”. Por Mireya Duart. Oct. 2011

Empiezo a escribir este primer artículo como colaboradora de la Revista bité de México, del 1º número publicado en Octubre 2011, haciéndole un homenaje a uno de los arquitectos más representativos e influyentes del movimiento moderno de la arquitectura del siglo XX. Uno de los principales referentes en mi proceso de aprendizaje  como estudiante de arquitectura allá por los años´80, siendo uno de los arquitectos con el que tuve mayor conexión emocional,  desde los comienzos de mi carrera.

Le Corbusier, quién supo conjugar de una manera magistral el arte y la arquitectura, en una de sus obras más emblemáticas e iconográficas de la arquitectura contemporánea: La Capilla de Ronchamp (Francia), como popularmente se le conoce y de la cual voy a expresar mis sensaciones, al visitarla por primera vez, hace ya algunos años…

Le Corbusier fue un verdadero artista de la construcción y un referente para muchos arquitectos contemporáneos. Su trabajo sirvió de punto de partida de las diferentes corrientes arquitectónicas que le siguieron, basadas en las cualidades expresivas de los materiales y los sistemas constructivos. Supo conjugar las nuevas tecnologías  constructivas, en pos de la arquitectura. Saca partido de la plasticidad del concreto visto y sus posibilidades técnicas como innovación conceptual que plasmó en una joya arquitectónica, donde la forma y la estética jugaban un papel fundamental en la concepción volumétrica y espacial, de ésta gran obra de arte de la arquitectura moderna.

Su experiencia, a través de la conexión con  diferentes movimientos y tendencias artísticas de la época; el cubismo, El racionalismo,  el purismo, el modernismo y por último el organicismo, en su búsqueda de formas nuevas y originales, hicieron de Ronchamp una obra maestra realizada desde la libertad, la expresión plástica, la armonía.  Arquitectura audaz que se manifiestan en la plasticidad y estética del edificio. Donde cada fachada, cada ángulo, su espacio interior, están cargados de poesía, de  simbolismos profundos, algunos  indescifrables que permiten despertar la imaginación de todo aquel que observa con atención y que va más allá de la simple observación. La luz, el espacio y lo místico, se conjugan en esta obra arquitectónica de gran genialidad. En un entorno sagrado, rodeado de historia. Donde la luz juega un papel fundamental en la concepción del espacio, destinado al silencio, la meditación y el contacto con lo Supremo.

Supo  captar la esencia del entorno que se imponía alrededor, la historia del lugar como centro de peregrinación, de misticismo y espiritualidad, para lograr un espacio, intimo y grandioso a la vez.

Ronchamp, parece que tuviera vida propia que cambia a lo largo del día, las estaciones, los años. Formas virtuales se van creando con el jugueteo de la luz y la sombra y nos permiten descubrir volúmenes efímeros, que nunca estuvieron allí, ni estarán.

Una arquitectura orgánica, viva que transmite sensaciones y permite al individuo integrarse en el edificio, haciendo de éste, un organismo vivo.

Su planta irregular,  libre,  flexible, de  líneas ondulantes y forma orgánica, busca relacionarse con la naturaleza e interactuar con ella, hablando su propio lenguaje.

Su ambiente interior, intimista, espiritual, religioso, matizado por las luces procedentes de las perforaciones asimétricas de uno de sus muros.

Una arquitectura humanizada frente al mundo tecnológico,  al servicio del ser humano que nos obliga a afirmar la grandiosidad de la creación, como centro del universo que somos. Una obra plástica de gran fuerza e intensidad.

Está claro que el objetivo de la arquitectura para Le Corbusieres la generación de belleza, con una clara búsqueda de originalidad a cambio de monotonía y que muchos arquitectos olvidan en el devenir de la profesión, al cabo del tiempo.

Le Corbusier sabe  romper con los límites de la arquitectura (lo sólido), el arte (lo abstracto) y el espíritu (lo etéreo).

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Para finalizar, los dejo con esta bella afirmación de éste arquitecto genial:

La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz

Le Corbusier

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Texto y dibujo: Mireya Duart

Alicante, Octubre de  2011

Arquitecta, diseñadora de producto e ilustradora

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